El domingo comenzó bien. Tarareando por la acera, en una mañana soleada, con una cierta resaca que mermaba con cada bocado que le daba a una madalena con motas de chocolate. Por mi cabeza se mezclaban melodías de piano, risas, dedicatorias en un libro, texas hold’em y alguna que otra cosa más de la que no procede hablar aquí.
Así que tras dormir una larga y merecida siesta, decidí ir al cine, que es un plan tan de domingo como limpiar el coche, ir a patinar al Retiro o ver el fútbol en un bar con suelo cubierto de cáscaras de cacahuete. Y nos metimos a ver El curioso caso de Benjamin Button, lo último de ese maestro llamado David Fincher.
En 1999 Javier Fesser fue nominado al Goya al mejor director novel por El milagro de P.Tinto. Su amiguete Santiago Segura también estaba nominado por Torrente, el brazo tonto de la ley, que finalmente se hizo con el premio. Lo que pocos saben es que días antes de la ceremonia, Fesser y Segura hicieron una peculiar apuesta: Fesser apostaba a que el premio se lo llevaría Segura, y Segura apostaba a que ganaría Fesser. ¿La apuesta? 100.000 pelas, que al cambio vienen siendo unos 600 euros.
El Goya se lo llevó Segura, y en el momento en que anunciaron su nombre se levantó y corrió por el patio de butacas hasta Fesser,¡¡¡ le abrazó y le entregó un sobre con las 100.000 pesetas!!! Fesser levantó el sobre victorioso. Perdió un Goya, pero seguro que se pegó una buena cena. 10 años después la Academia rectifica su error, y Fesser tiene su merecido premio.
Anoche, apertrechados en casa y a la luz de un falso directo de 625 líneas, fuimos testigos de cómo a veces se premia a los justos merecedores, escapando así de esa tradición del culto al mediocre que es tan española como tirar los huesos de aceituna al suelo del bar.
El viejo general que derrotó a Hitler y Napoleón se ha puesto su uniforme de gala, ha desempolvado el sable y se ha vuelto a colocar las charreteras, para desembarcar sus tropas en Madrid. Millones de soldados nos asedian, todos distintos, todos fríos, implacables, cristalinos.
Yo también desempolvo vestuario, de mi época danesa. Botas, gorro y bufanda. La nieve cubre toda la ciudad, pero también me cubre a mí. Yo, que me jactaba hace unas semanas de llevar el sol por dentro, estoy cubierto y relleno de nieve ahora. Gélida y húmeda nieve. Y me siento como un zorro en la nieve.
Pasadas las fechas navideñas, con el estómago embotado, las arterias a punto de coagulación y el hígado con la consistencia de un piedra pómez, llega hora de hacer nuestro particular repaso a los bodrios cinematográficos que peor sabor de boca nos han dejado en este 2008. Hacer una lista de lo mejor del año hubiera sido demasiado típico y demasiado complaciente, de manera que, una vez más, me enfundo las botas y me dispongo a meterme en la mierda hasta la cintura y hacer enemigos.
Nota: Esta lista es confeccionada antes de haber visto The Spirit, la que ya muchos califican como “el bodrio de la década” y a falta de unos meses del estreno de lo nuevo de Isabel Coixet, que aun sin ser de 2008 y aun sin haberla visto, me tienta incluirla en la lista.
El gran director Robert Mulligan falleció hoy. Dirigió Matar a un Ruiseñor y Verano del 42 (Peli de la que ya hice una crítica hace tiempo en este blog) y muchos otros clásicos.
Maldito calentamiento global, me está volviendo loco. Frío, frío, frío… ¡y solazo!
¡Cuánto sol hace!- comenta alguien de mi entorno, y digo- Venga, vamos a la sesión de 10. Así que tras ver Casino Royale (que considero una película de acción de manual, redonda, cuasi perfecta…) nos vamos a ver Quantum of Solace. Y decepción, señores. Marc Forster será bueno dirigiendo pelis de cometas y niños, pero ¿de quién cojones fue la brillante idea de darle la peli de acción más esperada del año???? Dirigir una escena de acción no es montar planos de menos de 20 frames. Qué mareo, por Dios.
El invierno se cierne sobre Madrid, imparable e inesperado. Un día teníamos sol, al siguiente nos helamos. Al final va a resultar cierto el invento ese de Al Gore llamado calentamiento global, o como lo ha llamado un amigo hoy, el calentacuento global. Pero como los españoles somos un pueblo de contrastes, me ciño a mi papel y paso frío al salir de casa, y sudo la gota gorda en el metro. Tengo trabajo nuevo (temporal, como todo lo que hago en este camino de incertidumbres que elegí como carrera) y hacía bastante que no curraba en una oficina. Menos mal que la labor es amena y bastante creativa, y los compañeros inmejorables. No les aburriré con detalles, especialmente porque lo haré más adelante, cuando usaré el blog sin pudor alguno para promocionar mis intereses laborales. Eso sí, con la sutileza y la elegancia que caracteriza a Pudeseralguien. Aquí vendemos muchas motos, pero nos sentimos orgullosos de hacerlo como quien no quiere la cosa, sin que se note. Marketing disimulao, vamos.
Tantas cosas que resumir en tan poco espacio… “Soy un agente del Caos”- le susurraba el Joker a Harvey Dent en esa MAGISTRAL película llamada The Dark Knight. Yo esta mañana me miraba al espejo, y veía un alter ego despeinado y ojeroso, que había dormido cuatro horas en una casa que no era la suya. Enseñando los dientes reconocía un cuerpo que un día fue el mío, pero que cambia rápido y aleatoriamente. Y entre peines y cepillos de dientes, susurré al oído de mi contrapunto zurdo: “somos agentes del Caos…” Y recordé otra gran frase de otra gran película: “I am a shadowy reflection of you…”
Mis detractores estarán diciéndose: “ya está el fantasma éste alardeando de haber ligado anoche…” Y no les falta razón, estuve flirteando con la pluma, besando papel, cortejando diálogos y fornicando con el lenguaje. Hasta las 5 de la mañana. El resultado fueron tres orgasmos en forma de guiones de los tres primeros capítulos de mi nuevo proyecto absurdo: una serie para internet llamada “Las increíbles aventuras de Paquito y Flecha sin salir nunca de casa“. The show must go on. POR PROBLEMAS TÉCNICOS LA WEB ESTÁ CERRADA TEMPORALMENTE. PODÉIS VER EL TRAILER AQUÍ.