Yo adoro el cine. Vivo por y para el cine. Veo innumerables películas todas las semanas. Las devoro, las memorizo, las estudio, las idolatro…
Pero pocas películas me han hecho lo que me hizo Camino. Camino me agarró los intestinos y me los retorció en el sentido contrario a las agujas del reloj. Camino me provocó mariposas en la tripa, risa floja, lágrimas de cocodrilo, piel de gallina, y de postre, me hizo feliz durante dos largas, y quizá insuficientes, horas y media. Camino me dejó con buen sabor de boca y el cuerpo dolorido, como si saliera de una sesión de sado-maso con Scarlett Johansson. Camino se ha quedado en mi cabeza, incrustada, inamovible, como una canción que te pega un vecino en el ascensor. Camino me ha enseñado muchas cosas, pero por cada cosa que he aprendido, me ha provocado tres nuevas dudas. Y ha sido un camino largo y duro, trabajado y sudado. Camino es a la vez un principio y un final. El final de Javier Fesser como director de cine de comedia, y el principio de Javier Fesser como Director de cine.
Lo triste es que él siempre ha sido un Director de cine, pero ha tenido que esperar todos estos años para contar esta historia terrible y maravillosa que le confirmará como uno de los grandes, y le otorgará el reconocimiento que los que le conocemos, sabemos que merece desde hace tiempo. Porque en España nadie toma en serio al que hace reir. Grave error.

Muchos de ustedes sabrán que yo trabajé en Camino, es algo que no pretendo ocultar. Por eso asumo que la objetividad de mi crítica esté en tela de juicio, y lo entiendo perfectamente.
He tenido la suerte de trabajar en unos cuantos largometrajes, y a (casi) todos les tengo cariño en mayor o menor medida. Sin embargo, cuando uno es partícipe de una labor tan ardua y larga como es rodar una película, llega un momento que ve la obra no como la obra en sí, sino como un mero producto de horas de trabajo. Uno no ve secuencias, ve días infernales de rodaje al sol de Andalucía. No se ven actores, se ven personas que había que recoger todos los días, a veces se ven amigos también.
No se escuchan diálogos, se leen páginas de un guión encuadernado que te entregaron el primer día de colegio.

Con Camino, por primera vez en mi vida, me senté y me dejé llevar. Dejé de ser un miembro del equipo, y me convertí en un espectador. Y allí sentado, rodeado de cientos de compañeros de trabajo, noté que no sólo me pasaba a mí. Desde el primer plano de Manuela Vellés (grande, qué mirada, dos ojos que hacen que la quieras y la compadezcas, la entiendas y la censures…) planchando en un día lluvioso, la gente comulgó con la película. Comprendió el mensaje, se sincronizó con el discurso y se relajó, como quien se sienta a tomar café con un amigo. Porque Camino es, ante todo, una película viva. Es un corazón que late a 24 fotogramas por segundo, y suda amor y sufrimiento por cada uno de sus poros de plata. Es esa persona que conoces una noche y te marca para siempre, y aunque no vuelvas a verla jamás, la recordarás siempre.

Mucho se está hablando, y más se hablará cuando se estrene. Ahora mismo, muchos la critican aún sin verla. Voces ciegas que gritan entre el gentío de la Red, intentando demonizar una película que dista mucho de lo que ellos creen (o les han hecho creer) que es. Se han creado un Doppelganger de la obra de Fesser, que crucifican a diario entre pedradas y mentiras. Mentiras que ellos creen a pies juntillas. Para ver “Camino”, hay que ir sin ideas preconcebidas, porque su magia está en el hecho de que no impone ideario alguno, tan sólo expone, atisba, te cuenta dos Verdades contradictorias y te guiña el ojo a la vez.
Hace muchos años, en el colegio, un profesor de historia nos enseñó “El gato” de Picasso. Lo primero que dijo el profesor fue: “El cuadro es una representación de cómo el fascismo devoró a los republicanos… porque el gato aparece desde la derecha.” Yo, bastante más ingenuo pero con ciertas ideas claras, levanté la mano y le dije que yo sólo veía un gato comiéndose un pájaro. El profesor se rió y me miró con condescendiencia, sabiéndose poseedor de una verdad que a mí se me escapaba. Pero aún hoy, mantengo que en ese cuadro sólo hay un gato, porque para mí el arte es lo que uno quiere ver. El artista puede, o no, querer expresar algo, pero lo maravilloso del arte es que el espectador siempre puede sacar sus propias conjeturas. Es por esto que para mí, a día de hoy, el “Guernica” no es más que un pasquín político. Y estoy seguro de que a Picasso no le haría ni puta gracia.

Camino es como el gato. Muchos verán un mensaje claro, pero algunos de nosotros, los más románticos y quizá ingenuos, tan sólo veremos una increíble película que te hace pensar mucho. Lo flagrante es que, así como Picasso no me consta que se pronunciara respecto al gato, Javier Fesser lleva varias semanas describiendo la película como lo que es: una ficción hecha a base de realidades, que radiografía lo más objetivamente posible ciertas creencias y maneras de vivir.
Yo animo a todo el mundo a verla en dos semanas, cuando se estrene en toda España. Sienténse con la mente lo más abierta posible, liberénse de prejuicios y olviden todo cuanto hayan podido oir sobre ella. Y cuando se apaguen las luces, agárrense de la mano de ese portento llamado Nerea Camacho, colóquense las zapatillas de rubí y déjense llevar por el camino de baldosas amarillas.

Cuando vuelvan a casa, ya me dirán qué les pareció.
ire a verla, ya tenia ganas y si tu la recomiendas y ademas has currado en ella una razon mas!! x cierto … has trabajado en 40 largos! chico!! deja algo para los demas,no??!!! jajaja un besote
Muy buena la crítica…ya tenía ganas de verla antes. Ahora, más…así que a ver si cumplimos lo dicho…Qué bien escribes, leñe…
PD-efectivamente, el arte es lo que uno quiere ver, o sentir…la de escritores o pintores que estarán descojonándose de las interpretaciones sobre sus obras…recuérdame cuando te vea que te cuente una anécdota divertida al respecto.
Un beso
Bravo Paco. Salgo inmediatamente a comprarme las zapatillas de rubí, a menos que me prestes tus zapatillas de zarpa de león de andar por casa.
Tengo muchas ganas de ver la película y la veré, y si no es buena te lo diré. Hasta pronto, abrazo
Muy buena.
Este sábado iré al cine, y Camino era una de esas que no sabía si ver o pasar olímpicamente.
Puede que tenga peli ganadora.