La noche se presentaba larga, de manera que nos atrincheramos en mi casa, provistos de multitud de bebidas y vituallas varias, dispuestos a ver esos premios que todo el mundo dice que no son sinónimo de calidad de cine, pero todos ven: los Oscar.
Yo me decanté por el vodka con red bull, porque llevaba tres días saliendo hasta las 6 de la mañana y no me veía con demasiadas fuerzas. La mezcla me mantuvo despierto, y demasiado, quizá.
Y así, ante mis ojos vidriosos y enrojecidos comenzaron a desfilar por la alfombra roja celebridades de toda índole, desde astros (Harrison Ford, Casey Affleck) hasta gente que no pintaba nada (The Rock???), y alguna vieja gloria, como Mickey Rooney que probablemente venía de suplente de la niña de Expiación, por si se ponía mala. Todo esto aderezado con los sosos comentarios de Angels Barceló y Jaume Figueras, que se limitaban a narrar lo que veíamos y a hacer comentarios absurdos y pueriles. Menos mal que teníamos a la encantadora Cristina Teva alegrándonos la vista. Qué ojos, madre mía. Por desgracia tuvimos que sufrir también al plasta de Antonio Muñoz de Mesa, que rodeado de una corte de borrachos nos aburría desde los cines Ideal. Les juro que se podía ver la progresión de sus borracheras con cada conexión. Welcome to Spain.
¿No les encantan los posts que tratan sobre muchos temas muy diferentes? A mí tampoco. Pero a veces no queda más remedio.
Hace dos días fui a visitar a Álvaro, amigo y montador de mi último corto (aún sin acabar). Además de discutir sobre cómo terminar el corto de una maldita vez,me presentó a su chihuahua Lupe y me enseñó los últimos videoclips que ha hecho. Uno nuevo para Gastelo, que no les puedo mostrar porque no ha sido difundido todavía, y otro para Vetusta Morla (qué gran nombre, por cierto). Es sencillo pero la idea me parece buena. Juzguen ustedes mismos.
Como regalo de este domingo nublado y aburrido, les dejo unas cuantas perlas audiovisuales de esas que pueblan el fondo oceánico de internet, cerca del porno coral y los foros abisales.
El primero es un corto que vi en el festival de Berlin hace un año. Me ha costado localizarlo, pero ya está aquí. Forma parte de una serie de cortos sobre costumbres japonesas, y no tiene precio.
Señores, tengo la carne de gallina. Los ojos vidriosos, el corazón palpitante y una sensación extraña en el estómago. Hoy es San Valentín, y me he enamorado. De él.
Son muchas las cosas que vi en mi primer viaje a los Estados Unidos. Una me llamó la atención especialmente y es que el agua es más cara que la cocacola. Cómo lo oyen. Tú puedes meterte medio litro de coca cola original (la versión americana, es decir, con más azucar) por 2 $ mientras que una botella de agua de la misma cantidad y con sabor a grifo vale 2,50 $. Les parecerá una mera anécdota, para mi es representativo de es este país. Un lugar donde nada importa mientras parezca importante. La ruta fue interesante: 4 días en Las Vegas y 2 en Los Ángeles. Para empezar deben saber que Las Vegas no puede catalogarse como ciudad, sí como parque temático. Imagínense que en vez de diseñar Port Aventura para niños y sus padres, se construye únicamente para entretener a esos padres, que casualmente, han ahorrado unos dólares. El resultado: un lugar lleno de luces sin horarios, espectáculos por doquier, casinos, fachadas de cartón piedra, limusinas, y copas muy suaves. He dicho suaves, sí. Para emborracharte tienes que tomarte, al menos, 4 copas. Primero porque son vasos pequeños con mucho hielo y segundo porque no las cargan. De ahí que lo que rente es hincharte a cervezas. Aunque todos sabemos que de las cosas que más echamos de menos cuando viajamos es una Mahou 5 estrellas.
Y esta mañana me he despertado con el ruido del tráfico, en lugar de las olas a las que ya me había acostumbrado. Así es amigos, estoy de vuelta. De manera que mis detractores ya pueden ir afilando sus espadas y lápices, los padres de las vecinas ya pueden ir cargando sus escopetas y ustedes, fieles lectores, pueden ir preparándose para sufrir mis estupideces y mi egolatría en sus dosis habituales.
Recuerdo una cinta cochambrosa que me prestó Alvaro, hace ya nueve años. Era el Mellon collie & the infinite sadness. Una cinta que inició una obsesión. No sólo con un grupo sino con la música en general. Desde aquél momento empecé a coleccionar toda la discografía de los Smashing Pumpkins y de ahí pasé a coleccionar todos los discos, que no es lo mismo (entrevistas, caras b, ediciones extrañas, etc). Hoy, después de tantos años, y de un Billy Corgan que ha conocido tiempos mejores a veces me puedo llegar a arrepentir. Pero me dura poco.
Tan sólo tengo que volver a Tonight, tonight, a 1979, a Bullet with butterfly wings, a Disarm, a 33… Fue la banda sonora de una adolescencia. Y la verdad es que grabo muchos buenos momentos.
Supongo que, analizándolo desde hoy, los smashing eran la banda sonora perfecta para una adolescencia en rebeldía. Además, desde que los descubrí hasta Zwan, parecía una banda que iba a acorde con cada momento de mi vida. Con su último disco Machina, Billy ya había aprendido a tomarse un poco en broma (quién si no podría cantar “If i were dead would my records sell?”) y con Zwan, habían pasado a un Rock más popero y feliz pero igualmente sincero. Me encantó. Eso era yo con 19. Por eso ahora que Billy intenta volver a tomarse en serio y encima políticamente como en “Zeitgeist” uno no puede sentir que está volviendo atrás.
Pero de todos modos repasemos un poco la historia de esta peculiar banda de Chicago, una banda que llegó a lo más alto; desde vapulear en ventas al Nevermind de Nirvana a tener el tercer disco doble más vendido de la historia después del álbum blanco de los Beatles y de History de Michael Jackson.
Amanece en Palolem, y los cuervos que corretean por mi tejado me despiertan. Me arrastro hasta una mesa y desayuno tostadas y zumo de mango. Ante mi se extiende el Mar de Arabia, liso como un plato de sopa. Sopa de la vida. Caldo primitivo. Unos delfines saltan y juguetean no muy lejos de la orilla, mientras el sol se levanta poco a poco, perezoso. Y pienso, solo falta que aparezca un caballo blanco cabalgando por la arena. En su lugar, un grupo de vacas hacen su aparicion con parsimonia y mucha pompa. Y es en ese exacto momento cuando empiezo a escuchar esto.