Finalmente sobreveví a la despedida de soltero. Aún está por ver la repercusión final de las secuelas físicas y mentales, pero estoy bastante entero.
Dice el cabrón de Suso que le gustan mis posts resacosos. Pues este le va a encantar, porque tengo la madre de todas las resacas. Qué coño, la abuela de todas las resacas. El despertar ha sido relativamente bueno, pero nada más levantarme, sabía que algo iba mal.
Tirado en el sofá, y con cara de haber pasado la noche en un gulag ruso y un aliento que parecía que dentro de mi boca había una prostituta muerta, he intentado comer algo de ensalada, pero resulta que no me la iba a quedar, sólo era un préstamo. Porque minutos después des-comía la ensalada en el baño, de rodillas y mirando mi reflejo en el agua del retrete. Tenía mala cara, o eso me pareció ver en el corto espacio de tiempo en que el agua estuvo clara.
Y entonces te vienen flash-backs del día antes, como si estuviera en mi propio episodio de Lost.
Arrastrándome por un campo, con un mono a lo Dharma y una pistola de paintball en mis manos, disparando a uno que se creía a cubierto. Headshot.
Sorbiendo un flan directamente del plato, virtiendo la mitad por mi barbilla mientras 20 energúmenos borrachos me jalean y animan.
Subido en un kart, adelantando en una curva a dos que se dan una ostia de aúpa, consiguiendo que uno de los pilotos salga volando por el aire.
Cantando a gritos en un autobús que nos aleja de un restaurante a las afueras, y dándonos cuenta de que nos hemos olvidado al novio y hay que volver a por él.
Pues así llevo todo el día. Por cierto, siempre he deseado ir a un paintball con río o lago, para poder hacer lo de Martin Sheen en Apocalypse Now, emergiendo del agua con un cuchillo en la boca. Pero nada, no hay suerte. Cuando el dolor de cabeza y las agujetas se han calmado un poco, me doy una ducha y pongo rumbo al centro, para acudir al estreno de un documental en el que estuve de primer ayudante hace unos años. Clara trabajó conmigo, y no acabamos demasiado contentos con el director, hecho que se ha acrecentado hoy al comprobar que a ella la ha dejado fuera de los títulos de crédito, y a mí me ha cortado el apellido. En fin.
Para curarles sus resacas de domingo, que sé que las tienen, les dejo con Kaizer’s Orchestra, unos noruegos que tocan un rock de estilo muy propio. Son fantásticos, les animo a descubrirles. Y sí, mi cabeza, estómago, hígado y vejiga pudieron ser alguien, pero la cerveza, la sangría, el vodka y el ron se cruzaron en su camino.
¡Jajajaja! ¡Me encanta!