Hay gente que es fácilmente manipulable por la publicidad, yo soy uno de ellos. La semana pasada me la pasé babeando después de ver el alucinante trailer del Killzone 2, la nueva estrella de la PS3, esperando cualquier momento para poder ir a comprármelo.
Afortunadamente, la semana pasada también me pillé una bronquitis grave, no sé si relacionada con un viaje a Gijón regado con mucho alcohol, y en el que me expuse al frío asturiano sin abrigo ni nada, así de chulo soy. El caso es que entre el dolor de cabeza provocado por la fiebre y la somnolencia de las medicinas, lo último que me apetecía era pasarme por el Carrefour de al lado de mi trabajo a comprarme el juego.
Aún así, el viernes vi en el PSstore, que me podía descargar la versión demo del juego, y a ello que me puse. La condenada demo pesaba más de un giga, y tuve que dejar la Play encendida toda la noche, con la consiguiente regañina de mi padre (sí, tengo veintiséis años, y mis padres aún me regañan, también vivo con ellos, aunque eso no me hace destacar teniendo en cuenta el país en el que vivo). En fin, ahí estaba yo, con mi paquete de clínex, mi infusión de hierbas medicinales, y mi mando de la Play, sentado en un taburete frente al televisor. La cara que se me quedó al finalizar la demo no habría sido nada distinta de no haber estado dopado hasta las cejas. Continue reading ‘Killzone 2, ¡Qué decepción!’
Julián había desempeñado muchos trabajos en su vida: jardinero, camarero, reparador de cañerías, ayudante de pintor, atracador de bancos, taxista, ayudante de ayudante de pintor y gorila de discoteca. Aunque bien es verdad que fue sólo uno de estos trabajos el que le acabó llevando a la cárcel, y como habrán supuesto algunos, fue el de reparador de cañerías.
Por más que Julián intentó explicar al juez que si la anciana se había ahogado fue porqué dejó el grifo abierto, y que las joyas que faltaban las había cogido el portero al acompañarle a la puerta, no hubo nada que hacer. Julián era uno de esos tipos sin suerte, a secas. Nunca, que él recordara, había ganado a cara o cruz. Un par de veces la moneda cayó de canto, pero ya está. Así que el excelentísimo señor juez miró los hechos, miró la cara llena de cicatrices de Julián, miró el fajo de billetes que le pasó el portero por debajo de la mesa (fajo de billetes metido en una bolsa de “Ruiz Joyeros: compramos oro y plata”) y dictó sentencia: 10 años.
En ese momento, en lo único que pensó Julián fue que menos mal que el juez no sabía nada sobre su época de jardinero. Habrían sido bastantes más años.
El domingo comenzó bien. Tarareando por la acera, en una mañana soleada, con una cierta resaca que mermaba con cada bocado que le daba a una madalena con motas de chocolate. Por mi cabeza se mezclaban melodías de piano, risas, dedicatorias en un libro, texas hold’em y alguna que otra cosa más de la que no procede hablar aquí.
Así que tras dormir una larga y merecida siesta, decidí ir al cine, que es un plan tan de domingo como limpiar el coche, ir a patinar al Retiro o ver el fútbol en un bar con suelo cubierto de cáscaras de cacahuete. Y nos metimos a ver El curioso caso de Benjamin Button, lo último de ese maestro llamado David Fincher.
Hoy cumplo 26 años. O hablando en términos más cercanos a mi manera de vivir, hoy cumplo 19678464000 fotogramas.
Yo siempre digo que cada año que pasa me lo paso mejor, y mi vida es más extraña. Éste último año no ha sido una expcepción. De manera que voy a instituir la costumbre de recapitular cada año de mi vida, para luego poder compararlos y observar la gráfica ascendente de mi vida bizarra.
De lo único que me puedo jactar, para bien o para mal, es que siempre he hecho mi propia música, sin bailar al son de la de nadie. Que nadie te diga que sólo hay una canción que merece la pena cantar.
En 1999 Javier Fesser fue nominado al Goya al mejor director novel por El milagro de P.Tinto. Su amiguete Santiago Segura también estaba nominado por Torrente, el brazo tonto de la ley, que finalmente se hizo con el premio. Lo que pocos saben es que días antes de la ceremonia, Fesser y Segura hicieron una peculiar apuesta: Fesser apostaba a que el premio se lo llevaría Segura, y Segura apostaba a que ganaría Fesser. ¿La apuesta? 100.000 pelas, que al cambio vienen siendo unos 600 euros.
El Goya se lo llevó Segura, y en el momento en que anunciaron su nombre se levantó y corrió por el patio de butacas hasta Fesser,¡¡¡ le abrazó y le entregó un sobre con las 100.000 pesetas!!! Fesser levantó el sobre victorioso. Perdió un Goya, pero seguro que se pegó una buena cena. 10 años después la Academia rectifica su error, y Fesser tiene su merecido premio.
Anoche, apertrechados en casa y a la luz de un falso directo de 625 líneas, fuimos testigos de cómo a veces se premia a los justos merecedores, escapando así de esa tradición del culto al mediocre que es tan española como tirar los huesos de aceituna al suelo del bar.
Una tarde aburrida de oficina se vuelve repentinamente interesante con un videoclip que, advierto de antemano, no es apto para menores y va a provocar sudores a más de uno.
El viejo general que derrotó a Hitler y Napoleón se ha puesto su uniforme de gala, ha desempolvado el sable y se ha vuelto a colocar las charreteras, para desembarcar sus tropas en Madrid. Millones de soldados nos asedian, todos distintos, todos fríos, implacables, cristalinos.
Yo también desempolvo vestuario, de mi época danesa. Botas, gorro y bufanda. La nieve cubre toda la ciudad, pero también me cubre a mí. Yo, que me jactaba hace unas semanas de llevar el sol por dentro, estoy cubierto y relleno de nieve ahora. Gélida y húmeda nieve. Y me siento como un zorro en la nieve.
Pasadas las fechas navideñas, con el estómago embotado, las arterias a punto de coagulación y el hígado con la consistencia de un piedra pómez, llega hora de hacer nuestro particular repaso a los bodrios cinematográficos que peor sabor de boca nos han dejado en este 2008. Hacer una lista de lo mejor del año hubiera sido demasiado típico y demasiado complaciente, de manera que, una vez más, me enfundo las botas y me dispongo a meterme en la mierda hasta la cintura y hacer enemigos.
Nota: Esta lista es confeccionada antes de haber visto The Spirit, la que ya muchos califican como “el bodrio de la década” y a falta de unos meses del estreno de lo nuevo de Isabel Coixet, que aun sin ser de 2008 y aun sin haberla visto, me tienta incluirla en la lista.